¿Alerta climática? Un "calentamiento estratosférico repentino" en la Antártida podría azotar Australia


El Glaciar de la Isla Pine se encuentra al oeste de la Antártida. A principios de este año apareció una fisura en el hielo que para este momento ya mide 20 kilómetros. El reporte viene desde los satélites Sentinel-1 y Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés). Hasta ahora se sabe que la grieta inicial apareció con el desprendimiento del iceberg B46.

Una abertura en una zona de conexión



El Glaciar de la Isla Pine es importante porque enlaza al hielo Antártico con el Océano hacia el oeste. Junto con el Glaciar Thwaites, su vecino, descarga grandes cantidades de hielo sobre el océano. En los últimos 25 años estos dos glaciares han perdido grandes cantidades de hielo.

El monitoreo satelital se ha vuelto una herramienta importante en el continente congelado del hemisferio sur. Gracias a esta actividad podemos conocer el ritmo al que la Antártida está perdiendo hielo. Haciendo un recuento histórico, el promedio de pérdida desde inicios de la década de los 90 del siglo pasado es de 10 metros de hielo diarios.

La última vez que se desprendió un bloque de hielo en esta zona su tamaño alcanzó los 226 kilómetros cuadrados. Esto ocurrió apenas el año pasado. En un recuento de los desprendimientos sobre el Glaciar de la Isla Pin, los satélites de la ESA han detectados varios en las últimas décadas: 1992, 1995, 2001, 2007, 2011, 2013, 2015, 2017 y el más reciente de 2018 conocido como B46.


Exactamente este último desprendimiento es el origen de lo que los satélites muestran ahora. Mark Drinkwater, quien dirige la División de la Tierra y Misiones Científicas de la ESA aclara: “Estas nuevas grietas aparecieron muy pronto en este año después de la gran separación de el iceberg B46. El monitoreo invernal de Sentinel-1 muestra que hay señales de una extensión progresiva en proporciones similares y pronto habrá otra separación”.

Los cambios sobre esta región ya habían sido percibidos antes. Los satélites ERS-1, ERS-2 Envisat y Copernicus Sentinel-1 ya habían enviado imágenes que mostraban cambios en la superficie del Glaciar de la Isla Pine. Gracias a estos satélites se puede medir la velocidad y el flujo de los cambios sobre el hielo. De esta forma se reconoce cuando vendrá un desprendimiento.


La situación no es sencilla para el Glaciar de la Isla Pine. Los fisuras se combinan con otros fenómenos como el derretimiento en la base glaciar. Mientras la superficie se rompe, las capas subterráneas aumentan su temperatura y se derriten, lo que facilita que se desprendan grandes cantidades de hielo. Esta combinación dificulta que el iceberg se recupere.

Los satélites ya nos han dado una nueva alarma. La Antártida se prepara para un nuevo despendimiento de hielo. Se prevee que sea pronto. Este tipo de monitoreo es importante para comprender la forma en que funcionan los grandes cuerpos helados del hemisferio sur. Por desgracia, aún es mucho lo que ignoramos y mientras estudiamos estos cambios, las cantidades de hielo antártico que se pierden son cada vez mayores.

No todos los bloques de hielo que salen de la Antártida lo hacen por las mismas razones. En eso nos está ayudando la tecnología satelital que actualmente es capaz de observar en condiciones cada vez más difíciles como las temporadas de oscuridad o a través de las nubes. ¿Tendremos tiempo suficiente para comprender lo que pasa en el continente helado antes que haya terminado de derretirse?

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